Los amores juveniles son así. Obsesivos, absolutos, a todo o nada. Lo terrible es que muchos años despues uno siga comportandose de la misma manera. Lo doloroso es que asi se quede uno: siendo una maldita obsesiva. Supuse que tenia que superarlo, pero nada parecia cambiar: él seguia en mi cabeza. Lo perseguia, lo buscaba, me escondia, llamaba por telefono y cortaba. Me sentia necesitada de su voz, de sus palabras, de sus miradas. En mi cabeza podiamos ser felices y no entendia por que no se concretaba ese sueño. Me enojé con Dios y con el mundo.-
Sacado del Libro Abzurdah de Cielo Latini.
viernes, 20 de febrero de 2009
